Develando Dudas
por Elena Oliveras
El espíritu investigativo de Andrea Fernández la ha llevado a trabajar con diferentes recursos, entre ellos el grabado, el objeto, el tejido, la fotografía y su digitalización. Tampoco le es ajeno el uso de la palabra que, desde el concepto, modifica los significados previsibles de la imagen.
No obstante la diversidad de medios técnicos, las búsquedas de Andrea se desarrollan sobre un mismo trasfondo: el sentimiento de vacío y la necesidad de definir un lugar de pertenencia, cuestiones estas que aborda a través de su propia imagen incorporada a la obra como fotoperformance. Cómplice discreta de su propia simulación, no duda en mostrarse protagonista porque así, hablando en primera persona desde el ámbito de su intimidad, estando dentro de la escena, siente que logra hacer más efectiva la invitación, dirigida al espectador, de compartir la verdad de sus espacios de ficción.
Un mundo vaciado de certezas la conduce, metafóricamente, hacia un «mar de dudas» (título de una de sus series recientes). Es el mismo mar en el que se sumerge el espectador cuando no logra saber qué está viendo realmente. No sabe si las figuras están acostadas o paradas, si se apoyan sobre una cama o flotan en el mar, si se mueven o están quietas, si se sumergen o si emergen. La posibilidad de movimiento coexiste con la inercia eventual de la figura en un espacio sin horizonte, sin arriba ni abajo. Todo es dudoso; también el estado de ánimo de un rostro disimulado por vendas. De tonalidades celeste-agua y arrugadas, esas vendas pueden ser vistas tanto como sábanas (limitadas) o como ondulaciones del mar (infinitas).
Profano o sagrado, familiar o desconocido, con una dosis ajustada de melancolía y belleza, el mundo de Andrea es indudablemente un mundo de dudas. Hay entonces una certeza: que alguien duda.
Telas y vendas semi-transparentes comparten la topología inestable del cuerpo y resultan tan protagonistas como éste. La asociación cuerpo / tela nos llevan al lazo ancestral de lo femenino con el tejer, con la docilidad doméstica, con la paciencia y hacen pensar hasta en un cierto control del tiempo. La inseparabilidad cuerpo / tela habla también de un ser necesitado de abrigo. Estamos ante presencias frágiles ligadas a la soledad, seguras de la parte pero nunca en el todo.
Podríamos decir que Andrea, hacedora de tejidos, deja siempre su «marca en el orillo»: la de un ser que «teje» obras para proteger, en la medida que ayuda a pensar en el lugar propio de cada uno.
Un dato no menos significativo es que las vendas del «mar de dudas» que, en bandas superpuestas cubren el cuerpo, subrayan su sensualidad y erotismo, el punto donde el brillo de la piel aparece y desaparece, el punto del deseo siempre insatisfecho. Andrea gusta mostrar ocultando. Así cada fragmento velado, cada mano en alto, cada brazo o pierna señala que hay algo más que no se presenta simplemente. Nuevos objetos de deseo indican nuevos espacios a conquistar.