Sensaciones y sentimientos
por Victoria Verlichak
Las sugerentes obras de Andrea Fernández, Margarita García Faure y Chloe Henderson, navegan entre la abstracción y ciertos indicios de figuración, resistiendo la despersonalización y despertando la imaginación del espectador. Las pinturas y la obra gráfica de esta exhibición constituyen un gozoso espacio de sensaciones y sentimientos. Una mirada atenta despeja la impresión de inicial incertidumbre acerca del significado de estas imágenes que, lejos de cualquier imposición, originan una pluralidad de emociones que habrán de ser dilucidadas según la sensibilidad de cada uno. Mientras que las telas de Garcia Faure y Henderson subrayan el potencial físico de la pintura como objeto, los papeles de Fernández apelan a ligeros tonos y espesores para crear múltiples asociaciones.
Un lugar en el mundo. Andrea Fernández utiliza la fotografía y el grabado para construir una obra que parece reflejar ciertos estados de ánimo, situaciones con las que convive todos los días. A través de foto-performances, la artista protagoniza pequeñas historias expresadas en sutiles imágenes de paradójica intensidad. Las minúsculas figuras, o sus fragmentos, irrumpen inmóviles en misteriosos océanos y desiertas playas de colores únicos. Las manos y el cuerpo de la artista se muestran en actitud ensimismada o de furtivo regocijo. Apenas perceptibles, las figuras se contraen tornándose universales frente al vigor de las formas en relieve y los planos estampados que cubren como una marea la casi totalidad del soporte.
Puntillosa puntillista. Margarita García Faure pinta punto tras punto para construir una obra que combina modos del alma y experiencias sensoriales, asomándose a la región de los sueños. Por la cadencia de su pintura, por momentos, sus obras aparecen reproduciendo las variaciones de las estrellas en matices irreales. Silenciosa e insistentemente, la artista crea trampas para el ojo en donde el color es la preocupación primera. Plasma miles de pecas, lado a lado o superpuestas, para lograr la delicada vibración que posee en estas pinturas sensibles. La luz realza la oscilación de los torbellinos ascendentes y cascadas descendentes de las mínimas formas, traduciendo una sinfonía de pasiones y entonaciones que florecen en las composiciones.
El color, el color. Chloe Henderson se ocupa de capturar los ritmos del espacio y del tiempo en esta serie de pinturas al óleo, que hablan de posibilidades pero también de límites. Cielos y mares, valles y serranías en estas piezas con furiosos colores imaginarios y serenas rupturas. La artista trabaja cada pieza a partir de fotos de paisajes y de vistas marinas que, tras ser desmanteladas y reconstruidas digitalmente, interviene con pintura o transpone detalle tras detalle. Sus obras no se asemejan a los originales, son franjas en negativo que enfrentan lo previsible y parecen desintegrarse, volviendo a renacer. Habitadas por la memoria, las obras remiten tanto a tiempos inmemoriales como afectos personales.